Arte gauchesco y tecnología inmersiva: cuando la identidad rural cobra vida en 3D
Una exposición en Buenos Aires transforma la obra de un ícono de la cultura criolla en experiencia sensorial, combinando animación tridimensional con el legado de millones de láminas que definieron la identidad del campo argentino
## Arte gauchesco y tecnología inmersiva: cuando la identidad rural cobra vida en 3D Cien años después de su primera exposición individual, la obra de uno de los artistas más influyentes de la cultura gauchesca argentina regresa con una propuesta que desafía los formatos tradicionales del museo. En la Sala…

Arte gauchesco y tecnología inmersiva: cuando la identidad rural cobra vida en 3D
Cien años después de su primera exposición individual, la obra de uno de los artistas más influyentes de la cultura gauchesca argentina regresa con una propuesta que desafía los formatos tradicionales del museo. En la Sala Inmersiva del Palacio Libertad de Buenos Aires, animaciones en 3D y diseño sonoro envolvente recrean escenas de bailes camperos, payadas, el ritual del mate y la cotidianidad rural que Florencio Molina Campos inmortalizó en sus almanaques. La dirección creativa de Tato Araoz transforma ilustraciones de papel en ambientes habitables, cumpliendo un anhelo que el propio artista persiguió en vida: viajó a Estados Unidos para estudiar animación con la aspiración de llevar sus personajes al cine.
Pocos artistas latinoamericanos del siglo XX alcanzaron la escala de circulación que logró Molina Campos. Sus 144 dibujos para almanaques se distribuyeron en 18 millones de láminas dentro de Argentina y 50 millones en Estados Unidos, donde también realizó 180 ilustraciones para la compañía de maquinaria agrícola Minneapolis-Moline. Gonzalo Gimenez Molina, nieto del artista y curador de la muestra titulada "Florencio Molina Campos. Costumbres argentinas", contextualiza esa dimensión: "Hubo un antes y un después de Molina Campos en la cultura nacional". La exhibición incluye una línea de tiempo que articula trayectoria, obras originales e instalación inmersiva, ofreciendo al visitante tanto el documento histórico como la experiencia sensorial.
Más allá de la celebración centenaria, la muestra pone sobre la mesa una paradoja reveladora para quienes estudian la construcción del canon cultural: un artista con alcance masivo y reconocimiento popular sostenido, ausente del Museo Nacional de Bellas Artes. "Todo lugar que quiera tener un anclaje a lo criollo, ahí hay una lámina de Molina Campos", observa Gimenez Molina. Dibujante, caricaturista y locutor ocasional, Molina Campos forjó su vínculo con el campo en los establecimientos familiares de General Lavalle y Chajarí, lo que le permitió retratar con precisión etnográfica los hábitos de la vida rural. Su legado plantea preguntas vigentes sobre qué culturas visuales merecen institucionalización y cuáles permanecen en los márgenes del reconocimiento oficial, aun cuando definen la identidad de millones.


