Energía cósmica y volcanes: una revisión profunda del arte y pensamiento de un maestro mexicano

Más allá de las icónicas imágenes de cráteres que lo consagraron como uno de los paisajistas más influyentes del siglo XX, la obra de Gerardo Murillo —conocido universalmente como Dr. Atl— encierra una dimensión filosófica, científica y política que pocas veces ha sido explorada con la profundidad que merece. Una nueva exposición en el Museo Nacional de Arte de Ciudad de México propone precisamente eso: desmontar la figura del pintor de volcanes para revelar a un pensador que entendía la materia como algo vivo, en perpetua transformación, capaz de reorganizar no solo una composición pictórica, sino también la identidad de una nación.

Nacido en Guadalajara en 1875, Murillo construyó una trayectoria intelectual que lo llevó de la Escuela Nacional de Bellas Artes a las aulas de la Universidad de Roma y la Sorbona de París, donde estudió filosofía y derecho penal respectivamente. Fue en Europa donde adoptó el seudónimo que lo acompañaría toda la vida: Dr. Atl, término náhuatl que significa agua, elegido tras sobrevivir una tormenta en alta mar y sugerido por el escritor argentino Leopoldo Lugones como reflejo de su formación filosófica. Esa dualidad —entre la fuerza elemental de la naturaleza y el rigor del pensamiento académico— atraviesa toda su producción y define el carácter singular de su legado.

Su relación con los volcanes mexicanos no fue la de un observador distante. Murillo vivió en su cercanía, registró sus transformaciones con la disciplina de un geólogo y trasladó esas experiencias a una obra donde el paisaje deja de ser fondo para convertirse en sujeto activo. En sus composiciones, la materia se mueve, se rompe y se reconfigura, anticipando una sensibilidad que hoy resonaría con debates contemporáneos sobre ecología, territorio e identidad. Periodista, maestro, activista político y estudioso de la actividad volcánica, Dr. Atl representa una forma de entender el arte como herramienta de interpretación del mundo —una figura cuya complejidad el México cultural del siglo XXI apenas comienza a dimensionar en su totalidad.