Tapapiés no se celebrará este año tras el descontrol de la pasada edición: “Esperábamos 90.000 personas, pero se superó el medio millón”
Suspender un evento en su decimoquinta edición, después de haber atraído más de medio millón de personas cuando se esperaban 90,000, no es una derrota: es una declaración de principios. Eso es precisamente lo que ha decidido la Asociación de Comerciantes de Lavapiés al cancelar la próxima edición de Tapapiés,…
Suspender un evento en su decimoquinta edición, después de haber atraído más de medio millón de personas cuando se esperaban 90,000, no es una derrota: es una declaración de principios. Eso es precisamente lo que ha decidido la Asociación de Comerciantes de Lavapiés al cancelar la próxima edición de Tapapiés, el festival de tapas que durante años funcionó como motor de revitalización del emblemático barrio madrileño. La decisión, adoptada por la Junta Directiva, pone sobre la mesa una pregunta que cada vez más organizadores de eventos urbanos enfrentan: ¿en qué momento el crecimiento deja de ser un indicador de éxito para convertirse en una amenaza?
Carmen Gordo, presidenta de la asociación organizadora, lo describe con precisión clínica: "muerte por éxito". Tapapiés nació en 2011 como una ruta de tapas diseñada para conectar a visitantes con el tejido comercial y cultural de Lavapiés. Durante años cumplió esa función con eficacia. Pero la viralización del evento en redes sociales, la masificación del turismo urbano y la falta de mecanismos de control de aforo transformaron una celebración de barrio en un fenómeno imposible de gestionar. Cuando el primer fin de semana del festival del año pasado desbordó las calles, los organizadores reconocieron que ya no tenían capacidad de reacción. Las cifras lo confirman: una asistencia que multiplicó por cinco las proyecciones originales no es un problema de comunicación, es un problema estructural de modelo.
Desde la perspectiva de los residentes, el diagnóstico es igualmente contundente. Manuel Osuna, de la Asociación de Vecinos La Corrala, con más de seis décadas viviendo en Lavapiés, señala que la masificación había convertido el barrio en un espacio inhabitable durante los días del festival: imposible sacar mascotas a la calle, imposible gestionar los residuos, imposible mantener la cotidianidad. Álvaro Espinosa, otro residente de larga data, apunta al uso de envases de cristal como un riesgo concreto que se materializaba en acumulación de residuos peligrosos en vías públicas. Voces como la de Roxy Pérez, de la asociación cultural Maestras del Barrio, proponen lo que debería ser el siguiente paso obligatorio: un diálogo estructurado entre organizadores, vecinos y comercios para rediseñar el evento desde sus fundamentos. Para los directivos que gestionan eventos corporativos, festivales de marca o activaciones urbanas a gran escala, el caso Tapapiés ofrece una lección de gestión de riesgos que ningún indicador de asistencia récord puede ocultar: crecer sin gobernanza es la forma más rápida de perder lo que se construyó.", "links_preserved": [] }