Coyoacán como escenario del patrimonio gastronómico del cacao y el café mexicano

Cada fin de semana que Coyoacán abre sus plazas a productores del sureste mexicano, ocurre algo más que un mercado: se activa una conversación entre siglos de tradición agrícola y el paladar contemporáneo de la Ciudad de México. La Feria Artesanal del Café y Chocolate, celebrada del 11 al 13 de septiembre en uno de los barrios más emblemáticos de la capital, reúne a artesanos de Oaxaca, Chiapas y Veracruz —tres de las regiones más relevantes en la producción nacional de estos insumos— en un espacio de intercambio cultural que trasciende la simple degustación.

Más allá del atractivo sensorial, el evento ofrece una dimensión educativa que lo distingue de los mercados convencionales. Catas guiadas, talleres de tueste y molienda, y la presencia directa de productores permiten a los asistentes comprender los procesos detrás de dos de los productos más simbólicos de la identidad mexicana. El cacao, cuyo uso en Mesoamérica data de entre 1900 y 1750 a.C. —con evidencias en las costas de Chiapas y Veracruz—, fue moneda, ofrenda y bebida ritual antes de convertirse en el chocolate que hoy se consume globalmente. Chiapas y Tabasco concentran hoy la mayor producción nacional, mientras Oaxaca se ha consolidado como referente en preparaciones que honran esa herencia prehispánica.

En paralelo, el barrio de San Lucas alberga simultáneamente el Festival del Pan Dulce Mexicano, lo que convierte a Coyoacán en un corredor gastronómico de acceso libre durante esos tres días. Para quienes entienden el consumo cultural como una forma de conexión con el territorio, esta confluencia de eventos representa exactamente el tipo de experiencia que define al México contemporáneo: sofisticado en su origen, generoso en su expresión.