Fusión gastronómica internacional como antídoto al regreso a la rutina
El grupo Sushita convierte sus restaurantes en destinos culturales que replican la sensación de viajar sin salir de la ciudad
Septiembre reordena agendas y acorta horizontes, pero no necesariamente el apetito por la exploración. Sushita, grupo gastronómico con presencia consolidada en Madrid y expansión reciente fuera de la capital, ha construido su propuesta sobre una premisa que resuena con fuerza entre quienes valoran la experiencia sobre la simple alimentación: cada…
Septiembre reordena agendas y acorta horizontes, pero no necesariamente el apetito por la exploración. Sushita, grupo gastronómico con presencia consolidada en Madrid y expansión reciente fuera de la capital, ha construido su propuesta sobre una premisa que resuena con fuerza entre quienes valoran la experiencia sobre la simple alimentación: cada visita a sus locales equivale a un desplazamiento cultural. La fusión entre gastronomía y diseño de interiores no es un recurso decorativo, sino la columna vertebral de un concepto que convierte cada espacio en una narrativa geográfica distinta.
El grupo opera bajo distintas expresiones temáticas que articulan influencias de Japón, Francia, Marruecos, Perú, Tailandia, Cantón y el sudeste asiático. Madame Sushita dialoga entre Tokio y el París decimonónico a través de tatakis y ceviches; Monsieur Sushita celebra la confluencia de cinco culturas en una sola carta; Sushita Cabana lleva a la mesa referencias cantonesas con platos como el bao de wagyu con huevo de codorniz o la pizza de verduras al carbón; y Sushita Green evoca la frescura de Singapur con propuestas como los Crispy Hong Kong Noodles y los mejillones chilli crab. Cada local funciona como un capítulo independiente dentro de un mismo universo editorial culinario.
Sushita Chinitas representa el primer restaurante del grupo fuera de Madrid, y con él llega una nueva entrega de esa filosofía de fusión. Su carta incorpora el Carpassion —carpaccio de salmón con mango, maracuyá y crujiente de lima—, el Ceviche Mixto de lubina y calamarcitos en tempura, y una tarta casera de queso con yuzu que cierra el recorrido con un guiño a la repostería japonesa contemporánea. Para el directivo que mide su tiempo con precisión, este modelo ofrece algo que pocas propuestas gastronómicas logran: densidad de experiencia en el espacio de una comida de trabajo o una cena de cierre.