Espacios de encuentro con más de un siglo de historia en México conservan el sabor de la emblemática bebida de los dioses. A pesar de haber enfrentado una crisis entre los años 90 y 2000, estas instituciones continúan dando vida a las calles de Xochimilco, manteniendo vivas las costumbres familiares y creando un ambiente propicio para la convivencia. En esta alcaldía, conocida por su riqueza lacustre y su diversidad de expresiones artísticas y artesanales, tres pulquerías han sobrevivido más de 50 años, destacando su importancia como lugares de encuentro en torno a una bebida que forma parte del patrimonio cultural de la región.

Con una entrada adornada con mosaicos verdes y blancos, una de estas instituciones se erige como una de las más antiguas del Barrio de San Pedro, con 77 años de trayectoria. Propiedad de Ricardo Castro Gómez, este lugar ha sabido conquistar a los amantes de la bebida prehispánica gracias a su dedicación a la elaboración de curados naturales, que incluyen sabores como mango, avena, coco y guanábana. Más allá de su oferta, representa un legado familiar. Ricardo comparte que este lugar es mucho más que un negocio; es un espacio lleno de recuerdos y amor. "Aquí viví todos mis años de juventud, ayudando a mi papá en todo. Es un gusto personal y un cariño al negocio", expresa, reflejando el profundo vínculo emocional que lo une a este emblemático sitio.

Otro establecimiento preserva la esencia de las pulquerías antiguas. Su interior está adornado con elementos que evocan su historia: un altar a la Virgen, papel picado, aserrín, fotografías de músicos icónicos y una rockola que ofrece melodías, creando el ambiente perfecto para quienes se reúnen allí. Bajo la dirección de Ulises Rosas, esta pulquería cuenta con un patrimonio de 52 años, fundado por Federico Olvera. A través de las memorias de los jicareros, se recuerda la existencia de alrededor de 150 pulquerías en Xochimilco, de las cuales solo quedan dos con licencias operativas. "Antes, en cada cuadra había de cuatro a cinco pulquerías. Era una alcaldía con una rica tradición, pero con el tiempo han desaparecido muchas", comenta Ulises, reflejando la nostalgia por un pasado vibrante que aún resuena en los muros de su establecimiento.

Estos espacios no solo son lugares para disfrutar de pulque, sino también testimonios de la resistencia cultural que persiste en Xochimilco, invitando a las nuevas generaciones a valorar y preservar esta tradición tan arraigada en la identidad mexicana. La permanencia de estas pulquerías representa una batalla silenciosa contra la homogeneización del consumo y la pérdida de memoria colectiva en la capital. Cada vaso servido en estos establecimientos es un acto de continuidad cultural, un recordatorio de que ciertos espacios y saberes merecen ser transmitidos más allá de las modas pasajeras.