Perú experimenta una contradicción que expone las fracturas estructurales de su desarrollo: mientras consolida su reputación como potencia culinaria en Sudamérica, enfrenta su peor crisis de hambre en más de una década, según el Índice Global del Hambre 2025. Esta desconexión entre el prestigio gastronómico internacional y la realidad alimentaria de amplios sectores de la población revela una brecha que trasciende lo económico para adentrarse en cuestiones de equidad y acceso.

La crisis afecta de manera diferenciada según geografía y contexto. En San Juan de Lurigancho, Lima, Emilio Gaspar, de 71 años, subsiste del reciclaje de plástico y depende de ollas comunes para alimentar a sus dos nietos. En Chognihuaki, Arequipa, ubicada a 5 mil metros sobre el nivel del mar, Basilia Ancasi cría alpacas para intercambiarlas por papa y chuño, los alimentos básicos que sostienen a su familia. El Índice Global del Hambre 2025 mide esta realidad mediante indicadores de mortalidad infantil, malnutrición y desnutrición aguda y crónica, arrojando cifras que expertos califican como "realmente críticas", equiparables a las registradas hace aproximadamente diez años.

La infraestructura de servicios básicos en regiones altoandinas agrava la situación. Chognihuaki requiere entre ocho y diez horas de acceso desde Arequipa, cuenta con postes de electricidad sin servicio funcional y su posta médica carece de personal sanitario. La educación enfrenta obstáculos similares: la institución educativa local recibe docentes de Cusco, Puno y Arequipa que se ausentan una semana mensual por condiciones climáticas, generando pérdidas educativas recurrentes. Esta fragmentación en la provisión de servicios esenciales refleja la falta de coordinación entre autoridades locales en la gestión de recursos.

Paralelamente, Perú mantiene su posición como referente del turismo gastronómico regional. Festivales y ferias anuales reúnen a chefs, productores y turistas, consolidando la imagen internacional del país como destino culinario de primer nivel. En los World Travel Awards Sudamérica, Perú compite nuevamente por el reconocimiento como "Mejor Destino Culinario de Sudamérica", acumulando 12 galardones en esta categoría desde 2012. Sin embargo, este prestigio internacional contrasta con una realidad interna donde el acceso regular a alimentos sigue siendo un desafío estructural para millones de peruanos, evidenciando que la excelencia culinaria de un país no garantiza seguridad alimentaria para su población.