Rituales de mesa bajo presión: cómo los cambios sociales transforman la cultura del almuerzo
Una tradición con raíces en la España franquista enfrenta su mayor desafío ante los nuevos estilos de vida, la inflación y la aceleración del tiempo laboral
## Rituales de mesa bajo presión: cómo los cambios sociales transforman la cultura del almuerzo Cuatro millones de veces al día, España repite un ritual que pocos saben que nació de una estrategia de propaganda turística durante la dictadura de Francisco Franco. El llamado menú del día —primer plato, segundo,…

Rituales de mesa bajo presión: cómo los cambios sociales transforman la cultura del almuerzo
Cuatro millones de veces al día, España repite un ritual que pocos saben que nació de una estrategia de propaganda turística durante la dictadura de Francisco Franco. El llamado menú del día —primer plato, segundo, postre, pan y bebida a precio fijo— lleva más de medio siglo instalado en la vida cotidiana española, pero enfrenta hoy una presión sin precedentes que pone en duda su continuidad como institución cultural.
La periodista gastronómica Lakshmi Aguirre documenta en su reciente libro 'Menú del Día: Escenas Cotidianas de un Primer Plato, un Segundo Plato y Postre' el origen incómodo de esta tradición: fue el ministro franquista Manuel Fraga quien, en los años sesenta, estableció por decreto la estructura y el precio de este almuerzo, con el objetivo de proyectar una imagen de abundancia ante los visitantes extranjeros tras los años de escasez que siguieron a la guerra civil. La norma llegaba al detalle de exigir que el vino incluido fuera 'tinto o blanco de España, puro, limpio, agradable al paladar y con un contenido alcohólico no inferior al 12%'. Aguirre señala que la mayoría de los españoles desconoce este origen: 'Olvidamos muy rápido', afirma, y en ese olvido encuentra un síntoma cultural relevante.
Hoy, con un precio promedio que ronda los 14.70 euros, el menú del día enfrenta amenazas estructurales que van más allá de la nostalgia. Los ritmos laborales acelerados empujan a muchos trabajadores hacia opciones ultrarrápidas: tupers calentados en microondas, platos precocinados en comedores corporativos o almuerzos omitidos por completo. Al mismo tiempo, la inflación en energía y alimentos complica la viabilidad de los pequeños restaurantes familiares que históricamente han sostenido esta oferta. En 2009, el chef Ferran Adrià llegó a declarar que el menú del día estaba muerto; diecisiete años después, la sentencia sigue siendo prematura, pero el margen de supervivencia se estrecha. Lo que está en juego no es solo una forma de comer, sino un modelo de pausa colectiva que durante décadas estructuró el tiempo social y laboral de millones de personas.
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