Reencuentro en San Francisco: 58 años después, dos egresados de Rosario vuelven a cruzarse
Una historia de amistad, migración y memoria que conecta las aulas de la Escuela Superior de Comercio con la costa del Pacífico estadounidense
Cincuenta y ocho años separan el último día en las aulas de la Escuela Superior de Comercio de Rosario de un reencuentro en San Francisco. Carlos Machado y su esposa Liliana condujeron desde San José, California, para reencontrarse con sus viejos compañeros de promoción. Lo que siguió fue un recorrido…
Cincuenta y ocho años separan el último día en las aulas de la Escuela Superior de Comercio de Rosario de un reencuentro en San Francisco. Carlos Machado y su esposa Liliana condujeron desde San José, California, para reencontrarse con sus viejos compañeros de promoción. Lo que siguió fue un recorrido por la bahía, el cruce del Golden Gate y la contemplación de Alcatraz desde los miradores del Pacífico, pero sobre todo, la reanudación de una historia interrumpida por décadas de vida, distancia y destinos divergentes.
Ambos egresaron en 1968 con el título de Perito Mercantil y Bachiller Comercial, perteneciendo a divisiones distintas —separados por el orden alfabético de sus apellidos— y salieron por última vez por el Bulevar Oroño antes de que la escuela trasladara su acceso al edificio sobre Balcarce. Fueron parte de la última promoción en hacerlo. Poco después, sus caminos tomaron rumbos opuestos pero paralelos: Carlos obtuvo una beca del Rotary Internacional y viajó a Iowa para formarse como ingeniero; su compañero haría lo propio al año siguiente, con destino a Houston y al Texas Heart Institute, vinculado con la Universidad Baylor, para su formación en medicina. Desde Argentina, en plena década del setenta, ese cruce continental representaba una apuesta enorme.
Entorno recupera esta historia como un testimonio de época: el de una generación de profesionales latinoamericanos que construyeron trayectorias internacionales desde ciudades del interior, con recursos limitados y una determinación que hoy resulta difícil de dimensionar. La luna de miel postergada en Hawái, el Citroën 3 CV que trepaba con dificultad las rutas misioneras hacia las Cataratas del Iguazú, las cartas cruzadas entre Rosario e Iowa antes del viaje: son detalles que ilustran no solo una amistad, sino un momento histórico en el que migrar para capacitarse era, a la vez, una oportunidad y una ruptura. Décadas después, en la costa del Pacífico, esa historia encontró un nuevo capítulo.