Danza, memoria y éxtasis: el documental que revela una tradición oaxaqueña única

Pocas tradiciones en México condensan con tanta intensidad la relación entre vida y muerte como la muerteada del Valle de Etla, en Oaxaca. Un reciente documental explora este ritual singular, donde comunidades enteras danzan durante más de doce horas continuas —en algunos pueblos hasta dieciocho— ataviadas con trajes de hasta veinte kilos, adornados con campanas y espejos, acompañadas por bandas de metales que no cesan hasta que el cuerpo alcanza un estado cercano al éxtasis. La película utiliza un dispositivo narrativo poco convencional: un alma errante que regresa el Día de Muertos para visitar los lugares que habitó y las personas que amó, convirtiéndose en lente privilegiada para observar una celebración que, en muchas comunidades del Valle de Etla, supera en significado al Año Nuevo o a la fiesta del santo patrón.

Detrás de la cámara, un cineasta nativo de la región que regresó después de casi quince años de ausencia. Esa distancia, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en herramienta narrativa: la mirada del que vuelve permite ver con claridad lo que la costumbre vuelve invisible para quien nunca se fue. La filmación no estuvo exenta de obstáculos; la pandemia retrasó el proyecto y las secuencias centrales de la muerteada solo pudieron capturarse en 2023 y 2024, cuando las reuniones comunitarias se reanudaron. Ganar la confianza de la comunidad fue, según el propio realizador, uno de los mayores desafíos del proceso. El resultado integra recuerdos de infancia, figuras tutelares como una curandera local y la presencia de muertes prematuras que marcaron al director, entre ellas la de un amigo cercano cuya pérdida abrió una comprensión más profunda de los rituales funerarios de la región y su vínculo con el mundo natural.

Más allá de su valor etnográfico, el documental plantea una pregunta filosófica que resuena con fuerza en el México contemporáneo: ¿qué lugares visitarías si pudieras regresar? La muerteada, a diferencia de otras expresiones del Día de Muertos, no se limita al duelo ni a la nostalgia; es, ante todo, una celebración de la continuidad. Representa el fin de un ciclo y el inicio de otro, y en esa dualidad reside su potencia simbólica. El filme ha sido seleccionado en festivales de referencia internacional, lo que confirma el creciente interés global por las tradiciones rituales mexicanas como fenómeno cultural de primer orden, capaces de dialogar con audiencias muy distintas sin perder su raíz comunitaria.