Justicia póstuma pendiente: cómo el franquismo procesó judicialmente a un poeta ya asesinado

Investigar la muerte de Federico García Lorca puede convertirse en una experiencia que el propio investigador desearía no haber emprendido. Esa es la confesión que atraviesa la obra más reciente del escritor e historiador Ismael Ramos, presentada en el Ateneo de Madrid: un volumen que documenta el proceso judicial póstumo que el régimen franquista instruyó contra el poeta entre 1940 y 1946, cuatro años después de su asesinato. La tesis central es tan perturbadora como documentalmente sólida: Lorca fue eliminado dos veces, primero físicamente, y después mediante una acusación fabricada destinada a justificar la barbarie ante la historia.

El mecanismo de criminalización retrospectiva que describe Ramos no fue un caso aislado, sino una práctica institucional del franquismo. En febrero de 1940, la policía denunció a Lorca como presunto miembro de la logia masónica Alhambra; en 1942, su nombre volvió a aparecer en listas de supuestos masones. Sin embargo, el propio autor adquirió el libro de cuentas de dicha logia durante su investigación, y el nombre del poeta no figura en él. Testimonios de la época confirman que esas listas eran instrumentos de intimidación, no registros verídicos. A pesar de que la delegación encargada de recuperar documentos reconoció internamente la invalidez de esas pruebas, el nombre de Lorca continuó apareciendo en informes policiales hasta 1965, casi tres décadas después de su muerte. La metodología positivista de Ramos —cada afirmación respaldada por fuente primaria— contrasta deliberadamente con la mitología acumulada alrededor de la figura del poeta y con los documentos mutilados o con páginas arrancadas que encontró en archivos de todo el país.

Este año se conmemoran noventa años del asesinato de Lorca y ochenta del inicio de ese proceso judicial, una coincidencia que otorga urgencia editorial y política a la publicación. El cantante Miguel Poveda, quien participó en la edición del libro junto a la editora Pepa Merlo, describe la obra como un documento necesario en un momento en que persisten intentos de relativizar o minimizar los crímenes del franquismo. Poveda llegó al tema a través de la preparación de un disco dedicado a la poesía lorquiana, proceso que lo llevó a recorrer los espacios que habitó el poeta y a descubrir, entre otras ausencias simbólicas, que una casa donde Lorca vivió durante su adolescencia en Granada carecía de cualquier señalización conmemorativa. Esa omisión, que Poveda contribuyó a corregir impulsando la colocación de una placa, ilustra con precisión el argumento de fondo del libro: la memoria de Lorca sigue siendo un territorio en disputa, y la justicia que se le debe permanece inconclusa.