Septiembre convierte al Complejo Cultural Los Pinos en epicentro de una conversación urgente sobre soberanía alimentaria y herencia gastronómica. Durante los días 19 y 20, el recinto —en colaboración con la Secretaría de Cultura del Gobierno de México— acogerá la Feria del Jitomate, un encuentro que va mucho más allá de la celebración culinaria: es un espacio de reflexión sobre semillas criollas, biodiversidad y los sistemas alimentarios que sostienen la identidad mexicana.

El programa, diseñado para quienes entienden que comer es también un acto político y cultural, combina rigor académico con experiencia sensorial. En el Museo Cencalli, expertos abordarán temas tan relevantes como la amenaza de los transgénicos, las redes de guardianes de semillas y el valor nutrimental del jitomate criollo frente a las variedades industrializadas. En paralelo, el Huerto Urbano ofrece una dimensión práctica: talleres de elaboración de salsas, técnicas de deshidratado y extracción de semillas para su conservación —una habilidad que cobra nueva dimensión ante el cambio climático. Las Cocinas de Humo completan la experiencia con platillos como ceviche de jitomate ahumado y barbacoa con jitomate, mientras que el Mercado El Solar reúne productores de conservas, hortalizas y semillas que rara vez encuentran vitrina en los circuitos comerciales convencionales.

Detrás de este encuentro hay una historia de 2,600 años. Aunque el ancestro silvestre del jitomate tiene raíces andinas, fue en Mesoamérica donde se desarrolló la extraordinaria diversidad genética que hoy define a este ingrediente. Su nombre en náhuatl —xictomatl— sobrevivió conquistas, transformaciones culinarias y la globalización de la cocina, recordándonos que algunos ingredientes son también documentos vivos de civilización. En un momento en que la gastronomía mexicana ocupa un lugar de reconocimiento internacional, eventos como este reafirman que la verdadera riqueza culinaria del país no está en los restaurantes de alta cocina, sino en las semillas que los agricultores guardan con cuidado generación tras generación. Para quienes toman decisiones en industrias vinculadas a la alimentación, la cultura o la sustentabilidad, este tipo de espacios ofrecen una lectura privilegiada del México que viene.