Economías del Caribe enfrentan una contracción acelerada en flujos turísticos, con descensos que superan el 37% en los primeros siete meses del año. Esta caída representa la pérdida de más de 52,000 visitantes internacionales, un segmento crítico para la entrada de divisas que financia importaciones, servicios y remesas familiares.

Problemas de abastecimiento energético y combustible han generado un efecto cascada en la infraestructura turística regional. Destinos que históricamente dependían del turismo como motor de recuperación económica enfrentan ahora la paradoja de no poder mantener operaciones básicas en hoteles y conexiones aéreas. Febrero registró caídas de hasta 56% en comparación interanual, evidenciando la aceleración de la crisis. Las restricciones en suministro de petróleo y sanciones comerciales han impactado directamente la capacidad operativa del sector.

Contexto histórico muestra la magnitud del retroceso: hace apenas cinco años, antes de la pandemia, estos destinos recibían entre 4.2 y 4.6 millones de visitantes anuales, cifras vinculadas a periodos de distensión diplomática y apertura comercial. Hoy, las proyecciones cierran muy por debajo de metas oficiales. Para tomadores de decisiones en México y Latinoamérica, esta contracción turística representa un indicador de vulnerabilidad económica estructural en la región, con implicaciones directas en cadenas de suministro, empleo y relaciones comerciales bilaterales.