Manuscritos antiguos que funcionaban como instrumentos de interpretación calendárica y adivinación constituyen una ventana privilegiada hacia la cosmovisión prehispánica. El Códice Tonalámatl de Aubin, conservado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, es uno de estos documentos excepcionales. Recientes análisis de datación por carbono 14, realizados en colaboración con instituciones académicas mexicanas y estadounidenses, sitúan su elaboración alrededor de 1494, varias décadas antes de la llegada de los españoles al territorio mesoamericano.

Esta investigación, compilada en el volumen "Tonalámatl de Aubin. Nuevos estudios sobre un códice adivinatorio", coeditado por la Secretaría de Cultura a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Nacional Autónoma de México, resuelve una interrogante que ha acompañado al documento durante años. Anteriormente, especialistas debatían si se trataba de una copia colonial de manufactura rudimentaria, una falsificación inspirada en el Códice Borbónico, o un documento genuinamente prehispánico. Los resultados científicos despejan estas incertidumbres y confirman su autenticidad y antigüedad.

Funcionalmente, el Tonalámatl de Aubin operaba como un libro mántico vinculado a prácticas de adivinación e interpretación de destinos. Su nombre remite al tonalpohualli, la cuenta calendárica mesoamericana de 260 días, sistema fundamental en la organización temporal y ritual de las civilizaciones del Altiplano Central. El manuscrito contiene dieciocho folios de papel amate, cada uno de aproximadamente 24 por 27 centímetros, dispuestos en una tira de 486 centímetros plegada como biombo. Sus pictografías registran los ciclos calendáricos y representan las divinidades y elementos simbólicos asociados a cada trecena, permitiendo a los especialistas rituales interpretar correlaciones entre días, símbolos y entidades divinas.

Más allá de su función adivinatoria, el documento constituye un testimonio de la sofisticación intelectual mesoamericana. Calificarlo simplemente como un códice que "predecía el futuro" simplifica su complejidad histórica y conceptual. Se trata de un instrumento de conocimiento que integraba matemáticas, astronomía, teología y prácticas rituales en un sistema coherente de interpretación del cosmos. Los análisis comparativos con el Códice Borbónico revelan similitudes en contenido religioso, mántico y representación pictográfica, sugiriendo tradiciones compartidas entre documentos de la misma época.

Los hallazgos de carbono 14 ofrecen además información sobre la historia material del códice. Mientras que su elaboración se sitúa alrededor de 1494, los análisis indican que la obtención de su materia prima ocurrió aproximadamente en 1424, permitiendo reconstruir las distintas etapas de transformación de los materiales hasta convertirse en el manuscrito que ha perdurado durante siglos. Esta precisión temporal abre nuevas líneas de investigación sobre las prácticas de producción de códices en el periodo inmediatamente anterior a la conquista española.