Isabel Flores de Oliva nació en 1586 en Lima, cuando la ciudad era la capital del Virreinato del Perú. Su hogar familiar se ubicaba cerca del antiguo hospital del Espíritu Santo, en una zona que hoy forma parte del Centro Histórico, donde actualmente se encuentra el Santuario de Santa Rosa de Lima. Aunque hoy es conocida universalmente como Santa Rosa de Lima, la mujer que se convertiría en la primera santa de América nació con un nombre completamente distinto, y su transformación identitaria refleja tanto las costumbres familiares de la época como su posterior significado religioso.

La fecha exacta de su nacimiento ha generado debate entre historiadores. Mientras que algunas biografías tradicionales mencionan el 30 de abril de 1586, registros históricos vinculados a su proceso de canonización sitúan su nacimiento el 20 de abril, fecha que aparece en documentos oficiales incluidos los Archivos Estatales de España. Fue bautizada el 25 de mayo de 1586 en la parroquia de San Sebastián con el nombre de Isabel, pero el apodo Rosa emergió durante su infancia. Según diversas tradiciones recogidas en biografías, su madre comenzó a llamarla así por la belleza de su rostro, mientras que otra versión atribuye el sobrenombre a una criada que notó la similitud del rostro de la niña con una rosa. Independientemente de su origen, el nombre se consolidó en su entorno familiar y adquirió progresivamente un significado religioso.

La identidad de Rosa se formalizó definitivamente cuando recibió el sacramento de la confirmación de manos del arzobispo Toribio de Mogrovejo en Quives, siendo confirmada bajo ese nombre. Aunque frecuentemente se asocia a Santa Rosa con la localidad de Quives en la provincia de Canta, su verdadero lugar de nacimiento fue Lima. Isabel se trasladó posteriormente con su familia a Quives, donde pasó aproximadamente una década de su niñez y adolescencia antes de regresar a la capital. A pesar de ser representada con hábito dominico en la iconografía religiosa, nunca fue una monja de clausura. Perteneció a la Tercera Orden de Santo Domingo y permaneció en el hogar familiar, realizando trabajos manuales y atendiendo a personas enfermas y necesitadas.

Isabel Flores de Oliva falleció en Lima el 24 de agosto de 1617, a los 31 años. Fue canonizada por el papa Clemente X en 1671, convirtiéndose en la primera persona nacida en América reconocida como santa por la Iglesia católica. Aunque la Iglesia celebra universalmente su festividad el 23 de agosto, en Perú se mantiene el 30 de agosto, fecha que moviliza cada año a miles de fieles y que ha transformado su nombre adoptivo en un símbolo nacional, presente en iglesias, colegios, calles e incluso en un distrito de Lima.