Regulación energética amenaza competitividad de destinos turísticos costeros
Sector hotelero advierte sobre impacto de nuevas metas de consumo en operación y empleo
Empresarios turísticos de Santa Marta enfrentan una encrucijada regulatoria que podría comprometer la recuperación del turismo nacional. Una resolución que establece metas individuales de consumo eléctrico y cobros adicionales por excedentes ha generado inquietud en el gremio hotelero, que ve en esta medida un riesgo directo para sus márgenes operativos…

Empresarios turísticos de Santa Marta enfrentan una encrucijada regulatoria que podría comprometer la recuperación del turismo nacional. Una resolución que establece metas individuales de consumo eléctrico y cobros adicionales por excedentes ha generado inquietud en el gremio hotelero, que ve en esta medida un riesgo directo para sus márgenes operativos y su capacidad competitiva frente a otros destinos.
Aunque la promoción del uso eficiente de energía cuenta con respaldo conceptual, el sector hotelero cuestiona la aplicabilidad de esta fórmula a una actividad cuyo consumo energético fluctúa directamente con la ocupación. Un hotel operando al 30% de capacidad consume significativamente menos que el mismo establecimiento funcionando al 80% o 90%. Esta variabilidad estacional plantea un dilema: implementar medidas de eficiencia energética no garantiza mantenerse dentro de las metas establecidas si aumenta el número de huéspedes. El crecimiento de la actividad turística, paradójicamente, podría acercar o superar los límites de consumo fijados, generando costos adicionales que complican la viabilidad económica de los establecimientos.
Los impactos trascienden la estructura de costos. Hotelería sostiene un ecosistema laboral considerable en recepción, cocina, restaurantes, mantenimiento, seguridad, limpieza y administración. Durante temporadas altas, estos establecimientos refuerzan plantilla para responder a la demanda. Un aumento en costos operativos derivado de penalizaciones energéticas podría forzar a los hoteles a revisar márgenes, reducir gastos o trasladar costos al cliente, afectando directamente la generación de empleo formal en una ciudad donde esta oportunidad es escasa.
Santa Marta compite en un mercado cada vez más integrado, donde viajeros comparan precios con Cartagena, San Andrés y destinos internacionales de acceso creciente. En este contexto, el precio se convierte en factor decisivo. Un incremento en tarifas hoteleras derivado de regulación energética podría restar atractivo a la oferta formal frente a alternativas más económicas, comprometiendo la recuperación del turismo nacional que la ciudad requiere para dinamizar su economía.


