Innovación en destilados: cuando la enología transforma la producción de whisky

Desde las riberas del Dordoña, en pleno corazón de la región vinícola más célebre de Francia, surge una propuesta que desafía dos milenios de tradición destilera. No se trata de vino —aunque el terroir de arcilla y caliza de Burdeos lo haría inevitable— sino de whisky. Un whisky elaborado con metodología enológica, madurado en huevos de concreto y concebido por una ingeniera química con doctorado en enología por la Universidad de Burdeos.

Magali Picard y su cofundador Alex Cosculluela lanzaron su proyecto en 2018 junto a Xavier Payan, especialista en gestión de vinos y licores. Su apuesta central: trasladar el rigor científico de la viticultura —fermentación controlada, comprensión mineral del suelo, maduración en recipientes no convencionales— al proceso de producción de un destilado que históricamente ha pertenecido a Escocia e Irlanda. El resultado es un espíritu con perfil floral, fresco y mineral, con una textura que los catadores describen como singular dentro de la categoría.

Lo que hace especialmente relevante esta innovación para el ecosistema de negocios premium es su implicación en los tiempos de producción: las técnicas desarrolladas permiten que el destilado alcance su punto óptimo en un plazo considerablemente menor al que requieren los métodos convencionales, lo que representa una ventaja competitiva estructural en una industria donde el tiempo de maduración es, históricamente, uno de los principales cuellos de botella. Tras ser anfitriones del World Whisky Forum en junio de 2025, sus métodos han comenzado a circular entre los círculos más especializados del sector, posicionando a Francia —y a su tradición enológica— como un actor inesperado pero legítimo en el mapa global de los destilados de carácter.