Cincuenta años después, una luna de miel pendiente encuentra su momento
## Cincuenta años después, una luna de miel pendiente encuentra su momento Hay viajes que no se planean: se acumulan. Durante cinco décadas, una pareja argentina guardó en silencio la promesa de Hawái, ese destino que en 1976 cedió su lugar a las Cataratas del Iguazú y a un Citroën…

Cincuenta años después, una luna de miel pendiente encuentra su momento
Hay viajes que no se planean: se acumulan. Durante cinco décadas, una pareja argentina guardó en silencio la promesa de Hawái, ese destino que en 1976 cedió su lugar a las Cataratas del Iguazú y a un Citroën rojo 3CV que recorrió el sur del continente con la energía propia de quienes recién comienzan. Hoy, con 74 años él y 72 ella, y medio siglo de matrimonio como equipaje invisible, ese sueño diferido finalmente tomó forma de itinerario.
El viaje no es sencillo ni pretende serlo. Desde el aeropuerto internacional de Ezeiza, la ruta traza un arco que atraviesa Miami, Saint Louis —donde aguarda un amigo en el Parque Nacional Ozark—, San Francisco y, por fin, las islas hawaianas. El regreso será por Los Ángeles y Miami, cerrando un circuito de casi cuatro semanas que la pareja documenta cada noche en un cuaderno, con la misma disciplina con la que, supone uno, han registrado los momentos importantes de su vida compartida. Hay algo profundamente contemporáneo en ese gesto analógico: la escritura a mano como forma de apropiación de la experiencia, en contraste con las pantallas táctiles de los mostradores automáticos de American Airlines que los desconcertaron en el primer tramo.
Los contratiempos no tardaron en aparecer. Un retraso en Buenos Aires provocó la pérdida de la conexión a Saint Louis; el equipaje se atascó en las cintas de seguridad de Miami; los trámites migratorios consumieron el tiempo que no había. Y sin embargo, la pareja esperó en un salón VIP, con medias elásticas para cuidar la circulación y el celular de Laura recibiendo mensajes de sus hijos. Esa imagen condensa algo que va más allá de un viaje de aniversario: habla de cómo una generación que construyó su vida sin tecnología ha aprendido a habitarla sin rendirse ante ella, y de cómo el amor sostenido en el tiempo no elimina las dificultades, sino que les da un contexto desde el cual volverlas tolerables.


