Fe, historia y conquista: el templo que une siglos de devoción en el Centro de CDMX

Cada 28 de mes, decenas de miles de creyentes transforman las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México en una marea de fe. El templo de San Hipólito, ubicado en la colonia Guerrero a pasos de la estación del Metro Hidalgo, se convierte en epicentro de una de las devociones más arraigadas del catolicismo popular mexicano: la veneración a San Judas Tadeo. Lo que hoy es un fenómeno de masas tiene, sin embargo, raíces que se hunden en uno de los episodios más dramáticos de la historia de México.

El origen del recinto se remonta a 1520, durante la llamada Noche Triste, cuando las fuerzas de Hernán Cortés sufrieron pérdidas devastadoras al intentar escapar de Tenochtitlan entre el 30 de junio y el 1 de julio de ese año. Un año después, con la caída definitiva de la ciudad mexica el 13 de agosto de 1521, Cortés ordenó la construcción de un templo en conmemoración de los caídos. El recinto fue dedicado a San Hipólito y San Casiano, santos cuya festividad coincide con esa fecha histórica. Así, el edificio nació como monumento a la Conquista antes de convertirse en espacio de devoción popular. San Hipólito, el santo que le da nombre, fue un teólogo cristiano del siglo II que vivió entre los años 170 y 235 d.C., reconocido por su obra Refutación de todas las herejías y considerado el primer antipapa de la historia tras sus desacuerdos doctrinales con el papa San Calixto I.

La transformación del templo en santuario de San Judas Tadeo es un fenómeno relativamente reciente. Fue en la década de 1950 cuando los sacerdotes claretianos establecieron una capilla en honor al apóstol, sembrando una devoción que no ha dejado de crecer. Hoy, el 28 de octubre —fecha dedicada a San Judas Tadeo en el calendario católico— convoca una afluencia extraordinaria de fieles. En 2024, la llegada de las reliquias del santo a México, incluyendo un fragmento óseo de su brazo, y su paso por este templo, subrayaron la relevancia del recinto como nodo espiritual de primer orden en la capital. Más que un monumento histórico, San Hipólito es un espejo de la Ciudad de México contemporánea: un lugar donde la memoria de la Conquista y la fe de millones de habitantes se entrelazan cada mes, de generación en generación.