Los globos de papel de china: una tradición que vuela alto en Oaxaca

OAXACA, Oax.— El municipio de Nazareno Etla, ubicado en la región de los Valles Centrales, se erige como la cuna de los globos de papel de china en Oaxaca. Con más de ocho décadas de historia, los artesanos locales han preservado una tradición que se remonta a los años treinta. En la actualidad, Nahim Castellanos lidera este legado familiar, cosechando triunfos que han posicionado a Oaxaca como un referente indispensable para los globeros tanto en México como en el extranjero.

La fabricación de estos globos es completamente artesanal, lo que les permite competir en calidad con producciones industriales. El globo oaxaqueño se ha convertido en un atractivo muy valorado durante festividades patronales y eventos privados.

La pasión de Nahim por este arte comenzó a los seis años, cuando, inicialmente, lo veía como un juego junto a sus primos. Con el apoyo de su madre, Rubicelia, y un equipo de colaboradores, esta afición se transformó en su forma de vida. Este impulso ha consolidado a Nahim como un maestro del diseño en papel de china, creando verdaderas obras de arte de dimensiones extraordinarias.

Cada creación representa un desafío para llenar de color el cielo del valle oaxaqueño, utilizando figuras complejas elaboradas con un pliego delgado y liviano, pegamento blanco y metros de hilo. La estructura abierta en la base y una mecha encendida calientan el aire, permitiendo que los globos se eleven.

A medida que la luz asciende lentamente hacia el firmamento, el éxito también ha llegado para Nahim. Junto a sus primos, impulsó los primeros festivales de "globos de luz" en su comunidad, lo que llevó a invitaciones para participar en encuentros nacionales e internacionales, atrayendo a más de 20 mil asistentes.

La historia de la elaboración de globos de papel de china en Nazareno Etla se remonta a principios de la década de 1930, impulsada por Elpidio Larrazabal, quien llegó a la localidad desde el centro del país para instalar un molino de nixtamal. Según la memoria oral, en un 16 de septiembre, durante los festejos patrios, Larrazabal elevó dos globos con los colores nacionales, desatando la algarabía entre los asistentes. Este hito marcó el inicio de una costumbre que se integró a la identidad local.

Uno de los pioneros en este arte fue Roberto Cruz Niño, quien a los 12 años no solo replicó el diseño, sino que perfeccionó la técnica y la enseñó a los niños del pueblo. Desde entonces, la confección y el vuelo de estos globos se convirtieron en la principal diversión de la niñez local.

"Todos armamos nuestro globo. Papá y mamá nos enseñaban desde pequeños, y al salir de la escuela, nos reuníamos para hacerlos y elevarlos; luego corríamos a buscarlos donde cayeran para volver a soltarlos las veces que el papel resistiera", recuerda Castellanos.

Conocidos también como "globos de Cantolla", en honor al aeronauta mexicano Joaquín de la Cantolla y Rico, quien promovió estas artesanías en el siglo XIX, Nahim defiende la impronta y la técnica oaxaqueña que distingue a su comunidad.