Construir una colonia entera alrededor de una profesión es un acto poco común en la historia urbana de cualquier ciudad. En la Ciudad de México, esto sucedió el 29 de noviembre de 1949, cuando más de 123 periodistas, reporteros, fotógrafos, caricaturistas y escritores lograron que las autoridades les cedieran un terreno en lo que era entonces el rancho Las Rosas, propiedad de un empresario español, para fundar la Segunda Colonia del Periodista, posteriormente simplificada a solo Periodista.

La iniciativa surgió de una necesidad real. Ya existía una primera colonia Periodista en la alcaldía Miguel Hidalgo, pero la demanda de viviendas entre los profesionales de la comunicación era insostenible. El gremio presionó a las autoridades para obtener un nuevo espacio, preferiblemente cercano a lo que se conocía como la "esquina de la información": la zona donde convergían los principales periódicos del país, incluyendo El Universal y Excélsior, dos de los diarios más antiguos e influyentes de México. Una orden presidencial permitió la adquisición del terreno, su lotificación y la construcción de viviendas que fueron vendidas a los comunicadores.

Desde su fundación, la colonia se convirtió en un ecosistema cultural único. No era simplemente un barrio residencial, sino un espacio donde convivían reporteros, fotógrafos, cronistas, editores, columnistas, documentalistas y artistas. Esta concentración de talento generó un ambiente intelectual que trascendió las paredes de las casas y se proyectó en instituciones como escuelas, dos casas de cultura, una biblioteca y un teatro. El teatro María Tereza Montoya, ubicado en el corazón de la colonia, alberga una placa conmemorativa de su 50 aniversario que honra a más de 100 fundadores, así como una obra que documenta la evolución del periodismo mexicano: desde las máquinas de escribir hasta la era digital, pasando por la prensa escrita, la televisión y la radio.

Delimitada por las avenidas Cumbres de Maltrata, Ramos Millán, Nigromante y el Eje Central Lázaro Cárdenas, la colonia Periodista representa algo más profundo que una agrupación de viviendas. Es un monumento vivo a la importancia que México otorgó, en un momento de su historia, a la profesión periodística. Hoy, cuando el oficio enfrenta transformaciones radicales, ese barrio fundado por comunicadores sigue siendo un recordatorio de que hubo un tiempo en que la sociedad consideraba que los periodistas merecían un lugar propio en la ciudad.