Dorje Morup prometió a su esposa que regresaría como héroe. Esa noche de 1996, antes de partir hacia la primera expedición india que intentaría escalar el Everest desde la vertiente norte, el escalador de la Policía Fronteriza Indo-Tibetana selló un pacto que nunca cumpliría. Su esposa, Konchak Yangskit, recuerda haber sentido un presentimiento inexplicable en ese momento, como si intuiera que no volvería a verlo.

El 10 de mayo de ese año, Morup fue uno de los seis escaladores que intentaba alcanzar la cima del Everest, situada en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Durante el descenso, una ventisca atrapó al equipo. Mientras tres miembros fueron obligados a regresar por la tormenta de nieve, Morup y otros dos compañeros continuaron hacia la cima. Ninguno de los tres regresó. Sus cuerpos quedaron dispersos en la montaña, congelados a más de 8,000 metros de altitud. Durante tres décadas, los restos de Morup permanecieron boca abajo en la nieve, identificados popularmente como "Botas Verdes" por sus distintivas botas de montaña verdes que aún conservaba.

Desde el inicio de los registros de alpinismo hace un siglo, más de 300 muertes han sido documentadas en la región del Everest. Muchos de esos cuerpos permanecen en la montaña, convertidos en hitos silenciosos para futuras expediciones. Durante años, se asumió erróneamente que "Botas Verdes" pertenecía a Tsewang Paljor, otro miembro de la expedición de 1996. Sin embargo, en 2024, las autoridades indias revisaron esta conclusión basándose en el testimonio de los sobrevivientes y la ubicación del último contacto por radio con los escaladores. La ropa y el equipo encontrados fueron fundamentales para esta reidentificación.

Ahora, India ha decidido formar un equipo especializado en rescate a gran altitud para llevar a cabo la compleja y arriesgada misión de recuperar los restos de Morup. Este esfuerzo representa más que una búsqueda de cierre para la familia: reabre el debate sobre los dilemas éticos del alpinismo extremo, el costo humano de la aventura en las cumbres más desafiantes del mundo y la responsabilidad de los gobiernos hacia aquellos que se aventuran en territorios donde la muerte es una posibilidad omnipresente. La familia de Morup anhela que la recuperación del cuerpo finalmente confirme su muerte y brinde un sentido de consuelo después de tres décadas de incertidumbre.