Infraestructura ferroviaria mexicana trasciende la percepción turística para constituirse como un activo logístico de envergadura nacional. Una red que abarca más de 11,137 kilómetros de vías distribuidas en 24 estados de México, además de operaciones en Florida y Texas, sostiene operaciones de transporte de carga con una flota compuesta por más de 800 locomotoras y 28,000 carros de ferrocarril, generando más de 2.9 millones de caballos de fuerza.

Esta arquitectura de transporte bifurca sus operaciones entre dos segmentos diferenciados: el transporte de carga, que constituye el núcleo de sus operaciones, y servicios de pasajeros que conectan con la demanda de experiencias turísticas en regiones de relevancia natural y cultural. Chepe Express, vinculado a la histórica ruta del Ferrocarril Chihuahua-Pacífico —operativa desde 1961—, atraviesa la Sierra Tarahumara en el trayecto que conecta Chihuahua con Los Mochis. Esta ruta ha catalizado el desarrollo económico de comunidades locales mediante la generación de demanda en hospedaje, gastronomía, recorridos especializados y comercio de artesanías. Más allá de su función turística, el ferrocarril ha sido fundamental para la conectividad territorial, facilitando el transporte de personas, víveres y mercancías en una región de difícil acceso.

Tequila Express representa el segundo eje de operaciones de pasajeros, articulando la experiencia viajera con la narrativa cultural de Jalisco y la producción de tequila. Este servicio funciona como vector de promoción cultural, fortaleciendo la conexión entre visitantes y una de las denominaciones de origen más reconocidas internacionalmente. Ambas operaciones ferroviarias turísticas coexisten dentro de un ecosistema logístico más amplio cuya función primaria permanece en el transporte de carga, demostrando cómo la infraestructura de transporte puede servir múltiples propósitos económicos simultáneamente.