Biocomercio de mariposas: cómo Centroamérica exporta biodiversidad a mercados europeos
Trámites avanzan para enviar especies panameñas a mariposarios turcos, consolidando un modelo de emprendimiento sostenible basado en la crianza controlada
Chiguirí Arriba, un poblado cercano a Penonomé en la provincia de Coclé, se ha convertido en epicentro de un modelo emergente de biocomercio que transforma la biodiversidad local en oportunidades de exportación internacional. Los trámites para enviar mariposas panameñas a Turquía avanzan hacia su culminación, representando un paso significativo en…

Chiguirí Arriba, un poblado cercano a Penonomé en la provincia de Coclé, se ha convertido en epicentro de un modelo emergente de biocomercio que transforma la biodiversidad local en oportunidades de exportación internacional. Los trámites para enviar mariposas panameñas a Turquía avanzan hacia su culminación, representando un paso significativo en la comercialización regulada de especies vivas.
Este intercambio comercial opera dentro de un marco regulatorio complejo que incluye estrictos requisitos fitosanitarios en países importadores, normativas nacionales sobre movimiento de organismos vivos y estándares internacionales diseñados para minimizar riesgos de plagas invasoras y garantizar trazabilidad. En 2022, un primer envío de 80 mariposas llegó al Konya Tropical Butterfly Garden en Turquía, uno de los mariposarios más grandes de Europa, que alberga una colección de 20,000 plantas de más de 100 especies y más de 5,000 mariposas en su hábitat natural, principalmente provenientes de Asia, África y Centroamérica.
Panamá posee entre 9,000 y 16,000 especies de mariposas diurnas y nocturnas, equivalente a aproximadamente el 10% de la población mundial. Esta riqueza ha inspirado narrativas culturales que sugieren vínculos entre el nombre del país y la abundancia de estas criaturas, especialmente durante temporadas de vuelo masivo en agosto. El zoocriadero "Alas de esperanza" ha logrado reproducir 25 especies, incluyendo la mariposa monarca, pavo real, caligo y Actias luna, consolidándose como proveedor de ejemplares para mercados internacionales.
Este modelo de biocomercio representa una nueva fase en la relación entre ciencia, comunidades locales y mercados globales. El enfoque requiere revisión de cómo se gestiona y utiliza la biodiversidad en la región, destacando la importancia de estas especies como embajadoras de riqueza natural. En colaboración con científicos y el Mariposario del Cerro La Vieja, se promueve la capacitación de pobladores en crianza de mariposas como forma de emprendimiento sostenible, aunque muchos enfrentan dificultades por falta de capacitación especializada. Solo iniciativas con gestión financiera eficaz y conocimiento empírico acumulado han logrado mantener operaciones viables en este sector emergente.

