Ocupación hotelera experimentó un crecimiento marginal del 0.3% en julio, marcando un punto de inflexión en la temporada estival. Simultáneamente, las tarifas promedio continuaron su trayectoria ascendente con incrementos del 5.9% interanual, evidenciando una desconexión entre volumen de huéspedes y poder de fijación de precios en el sector.

Registros del Instituto Nacional de Estadística documentan 44.8 millones de pernoctaciones en hoteles durante el mes. La composición de esta demanda revela dinámicas diferenciadas: mientras las estancias de residentes nacionales retrocedieron 1.1%, la llegada de turistas internacionales creció 1.1%, indicando una reconfiguración de los patrones de viaje post-pandemia y una creciente dependencia de mercados emisores externos.

En el acumulado de siete meses, el sector registró un incremento del 1.5% interanual, con pernoctaciones de no residentes expandiéndose a un ritmo superior (1.8%). Este fenómeno refleja la resiliencia de la demanda internacional frente a presiones macroeconómicas, aunque la moderación en ocupación sugiere una elasticidad de precio que limita el crecimiento de volumen. Para operadores y gestores en mercados emergentes, estas tendencias ilustran la capacidad del turismo de alto valor para sostener márgenes incluso en contextos de demanda contenida, abriendo interrogantes sobre la sostenibilidad de estrategias de pricing en horizontes más amplios.