Fenómeno astronómico de relevancia internacional ocurrirá durante la noche del 27 de agosto de 2026, cuando la Tierra se posicione entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite natural. Este eclipse lunar parcial será visible desde gran parte de América del Norte y del Sur, además de regiones de Europa y África, consolidándose como uno de los eventos celestes más esperados del año.

Para la Ciudad de México, el evento se desarrollará en las siguientes fases: el eclipse penumbral iniciará a las 19:23 horas, seguido del eclipse parcial a las 20:33 horas. El momento de máxima cobertura ocurrirá alrededor de las 22:12 horas, cuando la mayor porción del disco lunar estará sumergida en la umbra —la región más oscura de la sombra terrestre—. Fase de conclusión del eclipse parcial se registrará a las 23:51 horas, con el término del eclipse penumbral a la 01:01 horas del 28 de agosto. Es importante destacar que estos horarios variarán según la ubicación geográfica dentro del territorio nacional, por lo que observadores en otras ciudades experimentarán desplazamientos temporales en cada etapa del fenómeno.

A diferencia de los eclipses solares, este evento no requiere protección ocular especial, permitiendo la observación directa sin equipamiento técnico. La selección de un sitio con cielo despejado y buena visibilidad del horizonte potenciará la experiencia visual. Aunque la contaminación lumínica no obstaculiza significativamente la observación, espacios con menor iluminación artificial facilitan la apreciación de los cambios tonales de la Luna durante el fenómeno. En la Ciudad de México, la posición lunar durante el máximo será suficientemente elevada para permitir observación sin necesidad de acudir a instalaciones especializadas.

Durante un eclipse lunar parcial, solo una porción del satélite penetra la umbra, mientras otra permanece iluminada por radiación solar directa. Uno de los aspectos más cautivadores será la variación cromática de la Luna conforme avanza el eclipse, fenómeno que resulta de la refracción de la luz solar a través de la atmósfera terrestre. Este cambio de tonalidad, que puede transitar desde matices rojizos hasta naranjas, ofrece una experiencia visual única que ha fascinado a observadores del cielo durante siglos.