Muralismo como acto de memoria: el arte urbano recupera la identidad prehispánica en Tepito
Una obra colectiva transforma un espacio público en monumento vivo a la historia de la Ciudad de México
Muralismo contemporáneo y memoria histórica convergen en el Centro Social y Deportivo Fray Bartolomé de las Casas, ubicado en la colonia Morelos y conocido localmente como el "Maracaná de Tepito". Allí se inauguró recientemente Quetzaltepix, una obra que rinde homenaje al legado prehispánico de esta zona emblemática de la capital…

Muralismo contemporáneo y memoria histórica convergen en el Centro Social y Deportivo Fray Bartolomé de las Casas, ubicado en la colonia Morelos y conocido localmente como el "Maracaná de Tepito". Allí se inauguró recientemente Quetzaltepix, una obra que rinde homenaje al legado prehispánico de esta zona emblemática de la capital mexicana. La iniciativa fue concebida por Ricardo Guzmán Wolffer y realizada en colaboración directa con residentes locales, incluyendo menores de edad de la comunidad, en un ejercicio de creación colectiva que vincula pasado, presente y futuro.
Guzmán Wolffer, quien durante casi cuatro décadas ejerció funciones judiciales, describe su conexión con Tepito como una deuda personal con la memoria. Sus visitas infantiles junto a su padre lo llevaron años después a identificar un espacio vacío en la estructura del edificio como oportunidad para transformación. Ese vacío físico se convirtió en lienzo para una narrativa visual que recupera la relevancia histórica de la zona. Tepito, en efecto, constituye un palimpsesto urbano: sitio donde Cuauhtémoc fue torturado tras la caída de Tenochtitlan, epicentro comercial en épocas prehispánicas y, posteriormente, cuna de atletas mexicanos que trascendieron fronteras. El mural opera así como símbolo de resistencia y continuidad.
Más allá de su función estética, Quetzaltepix representa una estrategia de refuerzo identitario para una comunidad históricamente estigmatizada. El acto de crear arte público con participación vecinal reafirma la agencia cultural de Tepito frente a narrativas externas. En un contexto donde el muralismo urbano se ha consolidado como herramienta de transformación social en México, esta obra se inscribe en una tradición de artistas que utilizan el espacio público como archivo vivo de memorias colectivas. Para habitantes y visitantes, el mural funciona como invitación a una lectura más profunda de la ciudad: la que reconoce capas arqueológicas, comerciales y deportivas en un mismo territorio.


