Celebración de la bebida ancestral mexicana reúne tradición y innovación en el Estado de México
Una festividad gastronómica que honra el atole en sus expresiones clásicas y contemporáneas
Coacalco se posiciona como epicentro de la gastronomía tradicional mexicana con un evento que trasciende la mera degustación para convertirse en un homenaje cultural a una de las bebidas más emblemáticas de Mesoamérica. El encuentro, que celebra su 29ª edición, reúne productores, artesanos y aficionados en torno a un producto…

Coacalco se posiciona como epicentro de la gastronomía tradicional mexicana con un evento que trasciende la mera degustación para convertirse en un homenaje cultural a una de las bebidas más emblemáticas de Mesoamérica. El encuentro, que celebra su 29ª edición, reúne productores, artesanos y aficionados en torno a un producto que ha permanecido en la mesa mexicana durante siglos, evolucionando sin perder su esencia.
La propuesta gastronómica abarca un espectro que va desde las preparaciones más ortodoxas —champurrado y atole de chocolate— hasta interpretaciones contemporáneas que incorporan frutas tropicales como guayaba, zarzamora, piña y maracuyá, así como combinaciones más audaces con nuez, frutos secos, flor de cempasúchil y mole. Esta diversidad refleja cómo la cocina mexicana contemporánea dialoga con sus raíces, reinterpretando ingredientes ancestrales sin abandonar la identidad culinaria. Los tamales artesanales y el pan de la región complementan la experiencia, creando un ecosistema gastronómico coherente que invita a la exploración sensorial.
Más allá de la oferta culinaria, el evento funciona como plataforma de visibilidad para productores locales y artesanos del Estado de México, permitiendo que el talento regional trascienda los circuitos comerciales convencionales. La inclusión de espectáculos culturales y actividades multigeneracionales subraya el carácter comunitario de la celebración, posicionándola como una alternativa de consumo experiencial que prioriza la conexión con la tradición sobre la transacción comercial. Para residentes de la capital y su zona metropolitana, representa una oportunidad de reconexión con la gastronomía vernácula a corta distancia, en un contexto donde la autenticidad cultural se ha convertido en un valor diferencial en el consumo contemporáneo.
