Evangelización en el Virreinato: el legado pastoral que transformó Sudamérica en el siglo XVI
Un arzobispo español recorrió a pie territorios que abarcaban seis naciones actuales, administrando sacramentos a más de 800,000 personas y estableciendo las bases institucionales de la Iglesia colonial
Hace más de cuatro siglos, un eclesiástico español llegó al Virreinato del Perú para asumir una misión que marcaría un hito en la historia religiosa de Sudamérica. Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, nacido en Mayorga en 1538, había estudiado Derecho Civil y Eclesiástico en la Universidad de Salamanca, donde…

Hace más de cuatro siglos, un eclesiástico español llegó al Virreinato del Perú para asumir una misión que marcaría un hito en la historia religiosa de Sudamérica. Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, nacido en Mayorga en 1538, había estudiado Derecho Civil y Eclesiástico en la Universidad de Salamanca, donde también ejerció como profesor antes de ser nombrado inquisidor general de Granada. En 1579, el papa Gregorio XIII lo designó segundo arzobispo de Lima a propuesta del rey Felipe II. Tras su ordenación sacerdotal y consagración episcopal, emprendió el viaje hacia América, llegando al puerto de Paita en mayo de 1581 y tomando posesión de su sede días después.
La Arquidiócesis de Lima que encontró tenía una jurisdicción extraordinariamente vasta: abarcaba territorios que hoy corresponden a Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina. En este espacio de dimensiones continentales, desarrolló una intensa actividad pastoral que se tradujo en tres grandes recorridos personales por su jurisdicción. El primero comenzó en 1584 y se extendió durante siete años, cubriendo lugares como Cajamarca, Chachapoyas y Moyobamba. La segunda visita ocurrió entre 1593 y 1597, mientras que la tercera, iniciada en enero de 1605, quedó inconclusa por su muerte. Gran parte de estos desplazamientos los realizó a pie o sobre una mula, enfrentando caminos difíciles y condiciones climáticas adversas. Al llegar a las localidades, convocaba a la población y organizaba actividades de evangelización, bautismo y confirmación, además de brindar atención a enfermos y administrar la extremaunción.
Al finalizar su gestión, reportó haber administrado los sacramentos del bautismo, la primera comunión y la confirmación a más de 800,000 personas durante sus recorridos, alcanzando tanto a comunidades indígenas como de origen africano. Su obra trascendió la evangelización directa: impulsó una reorganización de la estructura eclesiástica mediante sínodos que establecían normas para el comportamiento del clero, fundó el primer seminario sacerdotal de América y promovió que los religiosos asumieran parroquias en zonas empobrecidas. Durante su gestión, el número de parroquias o centros de evangelización en la arquidiócesis aumentó de 150 a 250, ampliando significativamente la cobertura pastoral. Su influencia también se vinculó con figuras posteriores reconocidas como santas: administró la confirmación a Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y San Francisco Solano, tres personajes emblemáticos de la fe en la región que consolidarían el legado espiritual de la época colonial.


