Hongos silvestres de Oaxaca: entre la tradición curativa y la presión comercial
Comunidades indígenas enfrentan la transformación de prácticas ancestrales de sanación en ofertas turísticas
Temporada de lluvias en Oaxaca activa un ciclo ancestral de recolección en bosques que albergan una biodiversidad fúngica única en México. De julio a septiembre, comunidades indígenas de la Sierra de Flores Magón —incluyendo Huautla de Jiménez, Mazatlán Villa de Flores y San Miguel Huautepec— se adentran en ecosistemas donde…

Temporada de lluvias en Oaxaca activa un ciclo ancestral de recolección en bosques que albergan una biodiversidad fúngica única en México. De julio a septiembre, comunidades indígenas de la Sierra de Flores Magón —incluyendo Huautla de Jiménez, Mazatlán Villa de Flores y San Miguel Huautepec— se adentran en ecosistemas donde brotan naturalmente hongos que han sostenido tanto la gastronomía local como sistemas de sanación desarrollados durante siglos.
Variedades como el hongo blanco, Lako'o, de flor y de calabaza integran la cocina tradicional en tamales, tesmole y caldos con hierbas, mientras que otras especies se deshidratan para conservarse durante todo el año. Pero la importancia cultural trasciende lo gastronómico: hongos específicos como Derrumbe, Santitos y San Isidro se emplean en procesos de introspección y sanación bajo la guía de médicos tradicionales, en contextos familiares donde la práctica responde a necesidades de bienestar físico y mental, no a fines recreativos. En San José del Pacífico, en la Sierra Sur zapoteca a 2,500 metros de altitud, las comunidades han identificado entre 25 y 30 especies comunes, asignándoles nombres regionales que mantienen viva la conexión con su territorio.
Sin embargo, esta riqueza ancestral enfrenta una transformación acelerada. Melquiades Rosas Blanco, indígena mazateco de Mazatlán Villa de Flores, advierte sobre la comercialización de prácticas que históricamente fueron actos de sanación comunitaria. Lo que antes era un regalo sagrado de la Madre Tierra, según su perspectiva, se ha convertido en un negocio que ofrece paquetes de hospedaje y alimentación, priorizando la venta de servicios sobre el respeto a las tradiciones. "No se trata solo del ritual en torno al hongo, sino también del servicio: hospedaje, alimentación y más", señala.
Esta tensión refleja un dilema más amplio en comunidades indígenas mexicanas: la presión de economías globales sobre conocimientos locales. Mientras algunos habitantes poseen conocimiento profundo sobre identificación de hongos y acceso a lugares de recolección exclusivos, la llegada de turismo orientado hacia experiencias de sanación ha alterado dinámicas que funcionaban dentro de lógicas comunitarias. La pregunta que emerge no es si estas prácticas deben modernizarse, sino bajo qué términos y con qué salvaguardas para preservar su integridad cultural.
