Bajo la colina de Saint-Nicaise se extiende un laberinto de antiguas bodegas de tiza que forman una ciudad subterránea bajo Reims, la histórica capital de coronación de Francia. Este lugar ha sido testigo de 33 coronaciones desde el año 816 d.C. Las canteras, que alcanzan hasta cien pies de altura, han dado paso a las célebres bodegas donde se envejecen y almacenan decenas de millones de botellas de vino espumoso en casas de renombre como Ruinart y Taittinger. En estas crayères, de temperatura naturalmente controlada, reposa un legado que trasciende el simple acto de beber.

Desde que la UNESCO incluyó las laderas cubiertas de viñedos en su Lista de Patrimonio Mundial, la región ha experimentado una transformación significativa. Las estancias nocturnas han aumentado en un 60%, alcanzando más de 1.8 millones, impulsadas por la apertura de nuevos hoteles de lujo, restaurantes y bodegas que ofrecen experiencias que van más allá de las típicas catas. Mathieu Roland-Billecart, CEO de una de las casas históricas, ha renovado espacios familiares en elegantes salones y salas de degustación, reflejando cómo las casas tradicionales se adaptan a una demanda contemporánea de sofisticación. "Para una verdadera experiencia, es recomendable alquilar un auto o contratar un chofer. Así se puede disfrutar de la historia y la esencia de la región vitivinícola, explorando los encantadores pueblos que la rodean", señala.

La accesibilidad ha mejorado considerablemente. El tren de alta velocidad TGV INOUI conecta el aeropuerto Charles de Gaulle con la región en aproximadamente 30 minutos, haciendo que el viaje sea más rápido que llegar al centro de París. Para quienes buscan una experiencia más inmersiva, las barcazas fluviales diseñadas como villas flotantes permiten deslizarse lentamente frente a castillos a orillas del río y viñedos, con paradas en la catedral gótica de Reims, que cuenta con 800 años de historia, y en la abadía de Hautvillers, conocida como la cuna del vino espumoso, donde Dom Pérignon perfeccionó su arte durante casi 50 años. Estas iniciativas posicionan a la región no como un destino de excursión de un día, sino como una experiencia de viaje integral donde la historia, la gastronomía y el paisaje convergen.