Tecnología ultrasónica redefine la coctelería clásica en competencias internacionales
Un bartender argentino fusiona innovación digital con técnicas tradicionales para reinterpretar un ícono global
Cincuenta bartenders argentinos enfrentaron un desafío decisivo: reinterpretar el cóctel más vendido del mundo con el objetivo de alcanzar un lugar en la final regional que se llevará a cabo en México. La consigna exigía creatividad, identidad y una perspectiva innovadora capaz de resignificar la tradición coctelera sin perder su…

Cincuenta bartenders argentinos enfrentaron un desafío decisivo: reinterpretar el cóctel más vendido del mundo con el objetivo de alcanzar un lugar en la final regional que se llevará a cabo en México. La consigna exigía creatividad, identidad y una perspectiva innovadora capaz de resignificar la tradición coctelera sin perder su esencia.
Manuel Alba, bartender de 25 años que lidera la barra de 878 Bar en Villa Crespo, transformó esta competencia en una exhibición de audacia y precisión técnica. Su propuesta, denominada Ultrasónico, combina tecnología avanzada con los códigos esenciales de la coctelería clásica. El método utiliza ultrasonido para macerar gin con dos hierbas aromáticas: eneldo y shiso. Esta técnica aprovecha el fenómeno de la cavitación generado por miles de microburbujas de vacío, permitiendo una extracción rápida e intensa de aromas y compuestos naturales. El resultado fue un Negroni con perfil herbal, vibrante y moderno que convenció al jurado por su ejecución precisa y sólida justificación conceptual.
La final nacional de la competencia funcionó como un laboratorio de tendencias y escaparate de las nuevas voces de la coctelería argentina. Bajo la mirada de un jurado compuesto por referentes de la industria, cada participante debía contar una historia personal mientras dialogaba con el paladar contemporáneo. Alba logró captar la atención del jurado y fue consagrado como el más votado de la jornada, asegurando su representación en la final regional.
La clave del triunfo radicó en el equilibrio entre innovación y respeto por los saberes clásicos. La dosificación comenzó con partes iguales de gin previamente macerado mediante ultrasonido, seguido del Campari como núcleo esencial del cóctel, un vermut rosso tradicional que aportó especias y profundidad, y un óleo salino y acidulado de mandarinas dosificado con precisión en dos mililitros. La preparación continuó con abundante hielo en vasos mezcladores metálicos, elegidos por su superior capacidad de conducción térmica, asegurando que cada trago fuera una experiencia exquisita. Este nivel de detalle en cada paso del proceso evidencia cómo la coctelería contemporánea integra ciencia, técnica y creatividad como elementos indisociables.


