Turismo comunitario: cuando la riqueza de un destino permanece en manos locales
El modelo de gestión colectiva de atracciones naturales redefine la distribución de beneficios en Centroamérica
Decenas de turistas se sumergen en un río prístino bajo una cascada de más de 70 metros de altura, en medio de la exuberante selva costarricense. Este destino atrae aproximadamente 350,000 visitantes anuales y ha sido reconocido como uno de los mejores lugares para visitar en el mundo. La escena…

Decenas de turistas se sumergen en un río prístino bajo una cascada de más de 70 metros de altura, en medio de la exuberante selva costarricense. Este destino atrae aproximadamente 350,000 visitantes anuales y ha sido reconocido como uno de los mejores lugares para visitar en el mundo. La escena captura la experiencia contemporánea del viajero global: una meditante conecta con la naturaleza, jóvenes comparten la experiencia con sus familias a través de videollamadas, y otros inmortalizan el momento en sus dispositivos, amplificando el alcance del lugar en redes sociales. Lo que distingue a La Fortuna del modelo turístico convencional es su estructura de propiedad. La cascada pertenece a una asociación comunitaria, lo que significa que las ganancias generadas no enriquecen a empresarios privados, cadenas internacionales ni al estado, sino que benefician directamente a la población local. Esta realidad pasa desapercibida para la mayoría de los visitantes, quienes disfrutan de la experiencia sin conocer el mecanismo que la sustenta. Mientras turistas extranjeros se refrescan en el río, ancianos de la comunidad utilizan una piscina semiolímpica construida con las ganancias de la cascada, infraestructura gestionada por la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (Adifort), una organización sin fines de lucro dedicada al interés público. La historia de este modelo remonta a la erupción del volcán Arenal en 1968, cuando el estado buscó estrategias para mantener a la población en la zona. Durante la década de 1970 se otorgaron tierras a los lugareños para agricultura, pero un residente decidió donar un terreno poco apto para cultivos a la asociación comunitaria. Con el tiempo, tanto locales como extranjeros recorrieron senderos desafiantes para acceder a este destino, que eventualmente se consolidó como el centro turístico de Costa Rica con infraestructura mejorada y servicios complementarios. Adifort ha aprovechado esta posición para crear lo que algunos describen como una operación que ha 'hackeado' la industria del turismo, permitiendo que los beneficios permanezcan en manos comunitarias. El paisaje, marcado por la silueta del volcán Arenal, ahora alberga hoteles, restaurantes y atracciones que atraen a visitantes globales. Este modelo de turismo comunitario establece un precedente significativo para otros destinos en México y América Latina, demostrando que la colaboración entre comunidades locales y ecoturismo puede generar beneficios sostenibles y duraderos, redefiniéndose así la distribución tradicional de ganancias en la industria de viajes.
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