Cuando la muerte se convierte en testimonio: las momias naturales que revelan historias olvidadas
Un museo en España alberga quince cuerpos momificados naturalmente que desafían el olvido y redefinen cómo entendemos la mortalidad
Un silencio reflexivo recibe a los visitantes en el Museo de las Momias de Quinto, ubicado en la antigua iglesia de la Asunción. Este momento inicial no surge del miedo ni del morbo, sino de la profunda comprensión de que, tras el cristal, no se encuentran meras recreaciones anatómicas, sino…
Un silencio reflexivo recibe a los visitantes en el Museo de las Momias de Quinto, ubicado en la antigua iglesia de la Asunción. Este momento inicial no surge del miedo ni del morbo, sino de la profunda comprensión de que, tras el cristal, no se encuentran meras recreaciones anatómicas, sino personas que vivieron y respiraron hace más de dos siglos. Entre ellos, un niño envuelto en seda y una mujer de 67 años que conserva un diente son testigos de un pasado que se resiste a desvanecerse. Inaugurado en 2018, este espacio alberga una colección única en España: quince cuerpos momificados de manera natural, expuestos en el mismo lugar donde fueron enterrados entre los siglos XVIII y XIX. Su conservación se debe a condiciones excepcionales de temperatura y sequedad, sin intervención artificial alguna. Desde su apertura, ha recibido a más de 25,000 visitantes atraídos por la singularidad de este fenómeno natural que transforma la muerte en documento histórico. Beatriz Pallarés, guía del museo, destaca la importancia de tratar los restos humanos con respeto y cariño. Para quienes trabajan allí, cada momia representa un miembro de la familia. Esta filosofía se refleja en las visitas, donde las narrativas no se centran únicamente en la muerte, sino que exploran la vida de estas personas: su vestimenta, alimentación, número de hijos y posición social en el Quinto de hace dos siglos. Ser enterrados dentro de la iglesia indica que pertenecían a familias acomodadas, capaces de costear ese privilegio. Detalles como un vestido infantil de seda, hábitos religiosos y dentaduras permiten deducir no solo edades, sino también posibles enfermedades. Algunas momias incluso han recuperado parte de su identidad, siendo conocidas por sus nombres gracias a documentación histórica. En lugar de denominaciones frías como PQ-08, se les otorgan nombres cariñosos, como Míriam, en honor a la antropóloga que la limpió. Esta práctica refleja un enfoque que humaniza el pasado y reconoce que tras cada resto hay una biografía completa. El museo atrae a una amplia variedad de visitantes: desde aficionados a la historia y profesionales de la salud, hasta familias y viajeros que lo descubren por casualidad. Aunque la curiosidad es natural, el enfoque institucional se aleja del espectáculo. El verdadero objetivo es desmitificar la muerte, un tema que culturalmente hemos deshumanizado. La esperanza es que quienes visitan pierdan parte de ese miedo ancestral y reconozcan que la mortalidad es una faceta integral de la existencia. La conexión entre el museo y la reflexión sobre la muerte se profundiza a través del certamen multidisciplinar 'Punto Final', organizado desde 2021. Este evento invita a artistas de toda España a explorar el tema de la muerte a través de diversas formas de expresión, culminando en una gala en el propio museo. La verdadera singularidad de este espacio radica en su capacidad para rescatar historias. A dos siglos de distancia, aquellas vidas aún buscan ser escuchadas.


